viernes, 7 de agosto de 2015

El vampiro y la reina Wraith

         Hace algunos años, una nave colmena Wraith llegó a la Tierra por primera vez. Desde la órbita, la reina ordenó que salieran los dardos a cazar un buen número de los habitantes del planeta. El caos se adueño de éstos cuando vieron que no podían defenderse de éste enemigo, que era enormemente superior a ellos en todos los sentidos. Los dardos Wraith abducían a los ciudadanos de las principales ciudades del mundo. Ricos y pobres. Listos y tontos. Hombres y mujeres. Niños y adultos. Militares y civiles. No hacían excepción alguna.
                Después de pocas horas, todos los dardos habían vuelto a la nave colmena. Descargaron a sus presos y los encerraron en jaulas. A unos pocos los metieron en capullos para conservarlos para alimentarse en el futuro.
                Dos enormes guardias enmascarados abrieron una de las celdas, y el segundo al mando, un Wraith más delgado vestido en extrañas ropas negras se quedó observando al ganado que habían capturado en esta última incursión. Era hora de alimentar a su reina, y su deber era escoger al humano más sabroso. Algunos aún estaban aturdidos, otros heridos, y otros apestaban a miedo, confusión y desesperación. Pero había uno que podría valer. Un hombre que no mostraba ni rastro de miedo, fuerte y elegante. Pelo oscuro, piel blanca y ojos azules de mirada penetrante. En todos los sentidos muy diferente a los otros. Vestía con traje y corbata, y probablemente fuese alguien adinerado, con mucho poder. El Wraith se puso a pocos centímetros de él y le miró fijamente a la cara, enseñando sus afilados dientes en gesto amenazador. El hombre se quedó impasible durante unos segundos, hasta que dejó escapar una sonrisa maliciosa. Y luego, hizo el mismo gesto amenazador que el Wraith, mostrando sus blanca y bien cuidada dentadura, y sus colmillos, dos centímetros más largos que el resto de sus dientes. El verde rostro del Wraith hizo una mueca de sorpresa. Un instante después, recuperó la compostura y dirigiéndose a sus guardias dijo:
                - “Coged a éste. Nuestra reina estará complacida”.
                Los guardias le dispararon cuatro hasta cuatro veces cada uno con sus aturdidores, pues la primera no pareció tener efecto en el curioso humano. Le agarraron por sendos brazos y lo arrastraron por el suelo de la nave hasta los aposentos privados de su reina.
                Aún en la celda el Wraith decidió darles una muestra a los apestosos presos de lo que les esperaba. Cogió a un hombre de unos cuarenta años que se quejaba de una herida en la pierna. Le sonrió y le puso la mano derecha en el pecho. Los demás pudieron ver como la vida se le escapaba a aquel hombre. El pelo se volvía blanco y la piel se arrugaba hasta secarse. Finálmente era poco más que un esqueleto. Alimentado y fuerte, el segundo de abordo salió de la celda y fue a presentarle a la reina al extraño hombre que había escogido para ella.
                Alcanzó a los guardias antes de que entrasen por la puerta. Entraron todos y sentaron al hombre en una silla, frente a una larga mesa de madera llena de comida. No tardó más de cinco minutos en despertarse.
                “¿Qué es lo que quereis de mi?” preguntó desafiante.
                “Para empezar quiero que comas, que estés fuerte” le contestó la reina. Ésta, al contrario que los demás que tenían el pelo blanco, tenía una larga melena pelirroja.
                “No te preocupes por eso, comeré. Siempre puede ser bueno probar nuevos sabores” contestó el hombre. Y sólo él entendía el verdadero sentido de esas palabras.
                “¿Nuevos sabores?” preguntó la reina, confusa. “Tengo entendido que esta comida son los mejores manjares de tu planeta. Y tú aparentas ser un hombre acostumbrado a obtener lo que desea, ¿me equivoco?”
                “Sin duda lo soy”.
                “Entonces ¿no te gusta la comida que te ofrezco? Da igual, lo cierto es que yo sí que tengo hambre”. La reina, que estaba a su espalda, levantó la mano y cuando la iba a acercar al pecho del hombre para alimentarse de su vida, éste la agarró por la muñeca y le dijo:
                “Yo no he dicho que no tenga hambre. Y no sé si me gustará lo que ofreces, pero desde luego lo voy a probar”.
                Con un rápido movimiento que ninguno de los Wraith previó, el hombre se levantó de la silla y lanzó a la reina por los aires, que acabó estrellándose contra una pared. Saltó hacia los guardias armados, los agarró por el pescuezo, y con un suave giro de muñeca les rompió el cuello y calleron al suelo. Se giró hacia el otro Wraith, que a su vez se acercaba a él para matarlo. El vampiro se coló en la mente del alienígena y le hizo doblarse de rodillas. Luego le mordió el cuello para beberse su sangre. Muerto éste, solo quedaba la reina, que había presenciado como se alimentaban de su subalterno. El miedo fue lo último que sintió. Antes de que se diera cuenta el vampiro ya se estaba alimentando de su sangre.
                “¡Vaya, esto es mucho mejor que la sangre humana!” exclamó el vampiro después de calmar su sed.


“Si te dedicas a chuparle la vida a otros, al final encontrarás a alguien que pueda chuparte la vida a ti”



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