Hace algunos
años, una nave colmena Wraith llegó a la Tierra por primera vez. Desde la órbita,
la reina ordenó que salieran los dardos a cazar un buen número de los
habitantes del planeta. El caos se adueño de éstos cuando vieron que no podían
defenderse de éste enemigo, que era enormemente superior a ellos en todos los
sentidos. Los dardos Wraith abducían a los ciudadanos de las principales
ciudades del mundo. Ricos y pobres. Listos y tontos. Hombres y mujeres. Niños y
adultos. Militares y civiles. No hacían excepción alguna.
Después de pocas horas, todos
los dardos habían vuelto a la nave colmena. Descargaron a sus presos y los
encerraron en jaulas. A unos pocos los metieron en capullos para conservarlos
para alimentarse en el futuro.
Dos enormes guardias
enmascarados abrieron una de las celdas, y el segundo al mando, un Wraith más
delgado vestido en extrañas ropas negras se quedó observando al ganado que habían
capturado en esta última incursión. Era hora de alimentar a su reina, y su
deber era escoger al humano más sabroso. Algunos aún estaban aturdidos, otros
heridos, y otros apestaban a miedo, confusión y desesperación. Pero había uno
que podría valer. Un hombre que no mostraba ni rastro de miedo, fuerte y
elegante. Pelo oscuro, piel blanca y ojos azules de mirada penetrante. En todos
los sentidos muy diferente a los otros. Vestía con traje y corbata, y
probablemente fuese alguien adinerado, con mucho poder. El Wraith se puso a
pocos centímetros de él y le miró fijamente a la cara, enseñando sus afilados
dientes en gesto amenazador. El hombre se quedó impasible durante unos
segundos, hasta que dejó escapar una sonrisa maliciosa. Y luego, hizo el mismo
gesto amenazador que el Wraith, mostrando sus blanca y bien cuidada dentadura,
y sus colmillos, dos centímetros más largos que el resto de sus dientes. El
verde rostro del Wraith hizo una mueca de sorpresa. Un instante después,
recuperó la compostura y dirigiéndose a sus guardias dijo:
- “Coged a éste. Nuestra reina
estará complacida”.
Los guardias le dispararon
cuatro hasta cuatro veces cada uno con sus aturdidores, pues la primera no
pareció tener efecto en el curioso humano. Le agarraron por sendos brazos y lo
arrastraron por el suelo de la nave hasta los aposentos privados de su reina.
Aún en la celda el Wraith decidió
darles una muestra a los apestosos presos de lo que les esperaba. Cogió a un
hombre de unos cuarenta años que se quejaba de una herida en la pierna. Le
sonrió y le puso la mano derecha en el pecho. Los demás pudieron ver como la
vida se le escapaba a aquel hombre. El pelo se volvía blanco y la piel se
arrugaba hasta secarse. Finálmente era poco más que un esqueleto. Alimentado y
fuerte, el segundo de abordo salió de la celda y fue a presentarle a la reina
al extraño hombre que había escogido para ella.
Alcanzó a los guardias antes de
que entrasen por la puerta. Entraron todos y sentaron al hombre en una silla,
frente a una larga mesa de madera llena de comida. No tardó más de cinco
minutos en despertarse.
“¿Qué es lo que quereis de mi?”
preguntó desafiante.
“Para empezar quiero que comas,
que estés fuerte” le contestó la reina. Ésta, al contrario que los demás que
tenían el pelo blanco, tenía una larga melena pelirroja.
“No te preocupes por eso, comeré.
Siempre puede ser bueno probar nuevos sabores” contestó el hombre. Y sólo él
entendía el verdadero sentido de esas palabras.
“¿Nuevos sabores?” preguntó la
reina, confusa. “Tengo entendido que esta comida son los mejores manjares de tu
planeta. Y tú aparentas ser un hombre acostumbrado a obtener lo que desea, ¿me
equivoco?”
“Sin duda lo soy”.
“Entonces ¿no te gusta la comida
que te ofrezco? Da igual, lo cierto es que yo sí que tengo hambre”. La reina,
que estaba a su espalda, levantó la mano y cuando la iba a acercar al pecho del
hombre para alimentarse de su vida, éste la agarró por la muñeca y le dijo:
“Yo no he dicho que no tenga
hambre. Y no sé si me gustará lo que ofreces, pero desde luego lo voy a probar”.
Con un rápido movimiento que
ninguno de los Wraith previó, el hombre se levantó de la silla y lanzó a la
reina por los aires, que acabó estrellándose contra una pared. Saltó hacia los
guardias armados, los agarró por el pescuezo, y con un suave giro de muñeca les
rompió el cuello y calleron al suelo. Se giró hacia el otro Wraith, que a su
vez se acercaba a él para matarlo. El vampiro se coló en la mente del alienígena
y le hizo doblarse de rodillas. Luego le mordió el cuello para beberse su
sangre. Muerto éste, solo quedaba la reina, que había presenciado como se
alimentaban de su subalterno. El miedo fue lo último que sintió. Antes de que
se diera cuenta el vampiro ya se estaba alimentando de su sangre.
“¡Vaya, esto es mucho mejor que
la sangre humana!” exclamó el vampiro después de calmar su sed.
“Si te
dedicas a chuparle la vida a otros, al final encontrarás a alguien que pueda
chuparte la vida a ti”
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